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06-01-2018

“Dos mundos” y la tradición socialista

 

 

 

SURda

Opinión

 

Rolando Astarita

 

 

Uno de los aspectos más olvidados –o negados- de la tradición socialista (basada en el marxismo) es que los diputados y dirigentes del partido obrero mantenían una actitud de marcada distancia con respecto al Estado. Por eso, en tiempos de la Segunda Internacional, por ejemplo, los líderes del ala izquierda de la socialdemocracia constantemente marcaban las diferencias insuperables que los separaban de los partidos defensores del sistema capitalista, y del constitucionalismo burgués.

Pues bien, un “incidente secundario”, ocurrido en el Congreso del Partido Socialdemócrata de Alemania (septiembre de 1910) sirve para ilustrar esa actitud (y la opuesta). Lenin lo comenta en una nota que lleva por título “Dos mundos”, publicada en noviembre de 1910 (Obras Completas, t. 16, pp. 302-311, ed. Cartago).

Ocurrió que un líder del ala derecha del Partido, delegado de Baden, de apellido Frank, se quejó porque un ministro del gobierno alemán había afirmado que no existía igualdad de derechos entre los socialdemócratas y los partidos burgueses. En respuesta a la queja de Frank, el líder del ala izquierda del Partido, Bebel, explicó que, dado que el ministro era representante del régimen estatal y social existente, y dado que su misión era defender este régimen de los ataques de los socialistas, incluso con la fuerza si fuera necesario, “ tiene toda la razón desde su punto de vista ”. En este punto Lenin reproduce el fuerte cruce:

“Frank interrumpió a Bebel, gritando: ‘¡Inaudito!'. Bebel prosiguió, contestándole: ‘Yo lo encuentro muy natural'. Frank volvió a exclamar: ‘¡Inaudito!'”. Lenin entonces se pregunta ¿Por qué Frank se enojó tanto?  Y responde: “Porque está saturado de fe en la ‘legalidad burguesa' en la ‘igualdad de derechos' burguesa, y no comprende los límites históricos de esa legalidad, no comprende que toda esa legalidad inevitablemente debe volar hecha añicos cuando se trata del fundamental y principal problema de la conservación de la propiedad burguesa. Frank está saturado de ilusiones constitucionalistas pequeñoburguesas;… cree en el valor absoluto, en el poder absoluto de la constitución burguesa… y se siente sinceramente ultrajado porque un ministro constitucional no quiere admitir su ‘igualdad de derechos', la de Frank, como hombre del Parlamento, como hombre que actúa en estricta conformidad con la ley” (p. 304).

En cambio Bebel, observa Lenin, “traslada el problema del terreno de la democracia burguesa, al terreno real de la lucha de clases”. Luego: “¿Es posible sentirse ‘ofendido' porque a nosotros, enemigos de todo régimen burgués, un defensor de ese régimen no nos conceda igualdad de derechos sobre la base de la ley burguesa? ¡La sola suposición de que esto pudiera ofenderme, mostraría ya la inestabilidad de mis convicciones socialistas! ( ibid ., pp. 304-5). Agrega Lenin:

“Dos mundos de ideas: por una parte, el punto de vista de la lucha proletaria de clase, que en determinados períodos históricos puede desenvolverse sobre la base de la legalidad burguesa, pero que inevitablemente lleva a un desenlace, a un choque directo, al dilema de ‘hacer añicos' al Estado burgués, o ser aniquilado y aplastado. Por otra parte, el punto de vista del reformista, del pequeño burgués al que los árboles impiden ver el bosque, al que el oropel de la legalidad constitucional impide ver la enconada lucha de clases y que en un rincón perdido de algún pequeño país olvida los grandes problemas históricos del presente” (p. 305).

Un “incidente secundario”, que sintetiza en sí mismo dos enfoques opuestos, el reformista-oportunista, y el revolucionario. En épocas de extendido cretinismo parlamentario, me parece útil y necesario rescatar estas tradiciones.

Fuente: https://rolandoastarita.blog/2018/02/02/dos-mundos-y-la-tradicion-socialista/

 


 
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